SEMBLANZA DE UN PARDISTA.
Hoy, hablando con mi mente,
Le pido un noble favor;
Que traiga a mi presente,
Ese pasado con fervor.
II
Un pasado tan auténtico,
Un pasado lleno de humildad;
Al lado de mis padres,
Y mi bella comunidad.
III
Llegué a los siete años a primero A,
En la escuela de varones;
Exigían primero B en ese entonces,
Con mi linda Isbelia Ordoñez.
IV
Maestra dedicada y talentosa,
A quien recuerdo por siempre;
Que ingrato yo he sido,
Pues a visitarla no he ido.
V
Que lindos esos años,
Hasta tercero al lado de mi padre;
Ya en cuarto sufrí su abandono,
Y luché al lado de mi madre.
VI
Ya en quinto de primaria,
Con Beto Bustos de titular:
El director Nevardo Bastos,
Se hizo mi amigo ejemplar.
VII
Al lado de mi madre,
Quien a diario trabajaba;
Con las hermanas Angarita,
Quienes tanto me ayudaban.
VIII
Es muy grato mencionar,
Los consejos de Candelaria;
Quien por cariño me decía,
Mi pequeño Evelio maría.
IX
Azula me vio crecer,
Junto con Elena, Myriam y Halina;
Los sábados ayudaba a Amparo,
Para ganarme una propina.
X
Adiós Escuela de Varones,
Como Lubín Sánchez conocida;
Ya el colegio Enrique Pardo Farelo,
A iniciar el bachillerato nos convida.
XI
Lanzziano, Ana Agustina y Kiko,
Pallares López, Parada y Luz Marina;
Julio Bohórquez, Margarita y Elena,
Acompañan a Doña Liduvina.
XII
Un libro para cada materia,
En ese tiempo exigían;
Matriculas, computación y pensiones,
Nuestros padres pagarían.
XIII
Empecé co libros de Teotiste,
Pues en sexto "B" ella estaba;
Yo listo en el cambio de clase,
Y ella otro libro me prestaba.
XIV
Recuerdo a Elena Gamboa,
Con sus planas de mecanografía;
Al lado de mi amigo Guzmán,
Quien su máquina me prestaría.
XV
Al final de sexto grado,
Obtuve buenas calificaciones;
La Rectora me dio una beca,
Para no pagar pensiones.
XVI
Al irse el padre Hernando Betancurt,
A quien como sacristán le ayudé;
Me dio una bolsa de monedas,
Con las cuales libros compré.
XVII
El cambio ya comenzaba,
Bendigo a Dios todos los días;
Pues buenos libros me vendía,
Mi bella Carmen Díaz.
XVIII
Imposible de creer,
Pero era la realidad;
Que por falta de recursos,
Carecía de electricidad.
XIX
Eché una rifa local,
La vendí por la calle y por la loma;
Y mi amigo Nelson González,
Me cedió un bombillo y un toma.
XX
Evité la lámpara de gas,
Y las pilas de la grabadora;
Pagando la mitad del recibo,
Disfrutaba de mi mejora.
XXI
Ya en octavo grado,
Con los casos de factorización;
Practicaba a mis compañeros,
Y ganaba admiración.
XXII
En la familia Florez carrascal,
Poco a poco fui calando;
Me adoptaron como hijo,
Y me enseñaron trabajando.
XXIII
Llegan los exámenes finales,
Todos unidos y prudentes;
Aprendimos las capitales,
Y países de continentes.
XXIV
Terminé mi noveno grado,
A la linda Ocaña fui a pasear;
Pase los carnavales de enero,
Y me empecé a enamorar.
XXV
Un restaurante tenía mi hermano,
En vacaciones le fui a ayudar;
Nos llevamos a mamita,
Para juntos trabajar.
XXVI
Trabajé y estudié en el Fátima,
Pero a mi Colpardo yo lo extrañaba;
Añoraba mucho a mi pueblo,
Donde nada a mi me faltaba.
XXVII
Con penas y alegrías,
Terminé el año escolar;
Extrañando a mis amigos,
El remedio fue regresar.
XXVII
Dejé grandes amistades,
En mi Ocaña Alegre y cordial;
Pero El Carmen es el Carmen,
Y como el no hay otro igual.
XXIX
Inicié el undécimo grado,
Con mi hermano Egdy a estudiar;
De nuevo con mis compañeros,
Y Felipe Castilla de titular.
XXX
Fue un año lleno de emociones,
Yo era Scout y sacristán;
Siendo el cura Alfredo Madariaga,
Quien del grupo era el capellán.
XXXI
Me gustaba a mi el teatro,
Y la gran Banda Marcial;
En la emisora y en los Scouts,
En la tuna muy especial.
XXXII
La vida de estudiante pardista,
Hay que saberla aprovechar;
Pues en todas las actividades,
Debemos con gusto colaborar.
XXXIII
El estudiante quiere ser grande,
Como si el mundo fuese alrevés;
El grande quiere ser estudiante,
Para evitar así la vejez.
XXXIV
Llegó el día tan anhelado,
Para nuestro diploma recibir;
En el penúltimo mes del año,
La reunión era para partir.
XXXV
El sábado 23 de noviembre,
En brazos de una bella mujer;
Desfilaba yo a la ceremonia,
Por el titulo de bachiller.
XXXVI
Elena me dio la torta,
Halina el pantalón;
Merce una linda camisa,
Y Amparo prestó el corbatón.
XXXVII
Vendí la guitarra a mi hermano,
Con Ruper me compré un chivo;
Mi papá me dio unos plátanos,
Y mi mamá brindaba su motivo.
XXXVIII
La parranda fue inolvidable,
Beto el equipo me prestó;
Luis Torres compró aguardiente,
Y mi mamá guarapo y chicha nos brindó.
XXXIX
La colaboración de mis amigos,
Era llena de humildad y pobreza;
Compramos carne y buena yuca,
Y a pie fuimos a la represa.
XL
Con mi diploma de bachiller,
Sin recursos para continuar;
Solo me quedaba la opción,
De esperar para trabajar.
XLI
En la tienda de don Ciro,
Los domingos trabajé;
Me brindó un trabajo fijo,
Y las cuentas dominé.
XLII
El Doctor Fernando Carvajalino,
Político y amigo ideal;
Me nombró como examinador,
En la contraloría Departamental.
XLIII
Allí duré un año larguito,
Se acercaba la fiesta patronal;
Solicité un permiso a mi jefe,
Para bailar en el parque principal.
XLIV
Como la ganancia no era mucha,
Pues en transporte y comida se gastaba;
Atendí la oferta del jefe de Núcleo,
Y a la contraloría renunciaba.
XLV
Elberto Julio Pallares Pérez,
Me brindó la oportunidad;
De irme a trabajar como maestro,
A una lejana comunidad.
XLVI
Nunca escuché su nombre,
No sabía ni como ni cuando llegar;
Hasta que después de diez horas en mula,
Llegué a las Vegas de Aguilar.
XLVII
Cambié las comodidades,
Las comodidades de la ciudad;
Por una vereda lejana,
Perdida en la inmensidad.
XLVIII
Inicié mis labores pedagogicas,
Con alegría y dinamismo;
Creando las fiestas de amistad,
Ejercía el Scoutismo.
XLIX
Amigos empecé a conocer,
Convertidos en familia humana;
Compa Tin, Compa Felix y penago,
Al lado de Braulio y Doña Ana.
L
Agradezco al magisterio,
Por haberme permitido;
Conocer el amor de mi vida,
Y habernos reunido.
LI
Después de una linda madre,
Dios me premia con mi gran mujer;
Con cuatro semillas humanas,
Motivo de mi querer.
LII
No olvido su bondad femenina,
Y su personalidad tan humana;
Al aceptar como su hija,
A mi linda Daniela Santana.
LIII
Daniela es la mayor,
Evelio, Cristian, Evelymg y Ana;
Son los cinco claveles vivos,
Que adornan mi ventana.
LIV
Diez años de trabajo y proyección,
En las vegas de Aguilar;
Me eligen su Concejal,
Por el voto popular.
XV
Con un cultivo de café,
Lideré el proyecto de educación;
Con el producto del sembrado,
Pagaríamos útiles y alimentación.
LVI
Por envidia de unos lideres,
Logran vilmente amenazarme;
Con mentiras y traiciones,
Lograron alejarme.
LVII
Permanecí en jefatura de núcleo,
En Biblioteca mi tiempo pagaba,
Pero por orden de secretaría,
El señor rector carga me daba.
LVIII
Así vi a Dios ayudarme,
Llegué al colegio un día;
Conservando mi trabajo,
Con religión y mecanografía.
LIX
Me decían el maestro orquesta,
Pues en varias áreas me defendía;
Y al terminar mi especialización,
En informática quedaría.
LX
Hoy cumples cincuenta años,
Y me motivas a escribir;
Y eternamente con mis compañeros,
Damos gracias por tu existir.
LXI
Ya he sido demasiado extenso,
Y nunca podría terminar;
Pues cada día aprendo un poco,
Para mi pensamiento plasmar.
RAMÓN EVELIO SANTANA ROPERO
QUE SERIA DEL COLEGIO ENRIQUE PARDO FARELO
Que seria del colegio, sin la risa de Amalia;
Que seria del colegio sin la sabiduría del Señor Rector;
La amistad de Lalo Bastos y Yaneth como su pastor.
Con gran vocación, el arte de Lalo Márquez,
Los consejos de nuestra querida Mayra Jácome;
El silencio de Celina y la pasión de Marina.
Como seria esto, sin la franqueza de Lilian,
El orden de pallares y la pureza de Myriam.
El pito de parada y la prudencia de Hortencia,
El cáliz de Auris y el poema en papel de don Gabriel.
Que sería del Colpardo sin el inglés de don Nevardo,
Y la rifa de Beto, con todito mi respeto.
Jairo quien lee y se guía, ejerciendo la rectoría;
Surge la responsabilidad y el eco, del profe Carlos Pacheco.
De Cecilia, Ahidee y Vianny, el cariño de una mami,
De Magola , Elia y doña Lucy, su experiencia es muy dulce.
De Álvaro y los ocho sazonando su rico sancocho,
De Myriam Sánchez y Lilian Rosalva, la oración que me salva,
De Elizabeth y Miriam quintero, su sonrisa a diario espero.
El saludo de Emilio agradable, lo hace más amigable.
Este año dos educadoras partieron, Gehovel y Patricia fueron,
La una por la renuncia y la otra por el traslado que le hicieron.
Y ella que es especial, se fue un día sin querer,
No le había podido decir, cuanto admiro a esa mujer;
Mi amiga, mi profesora y mi colega, todo un don de señora,
Ella es orgullo Angarita, muy responsable y cumplidora.
Gracias mente por haberme complacido,
A través de esta pequeña semblanza,
Mi historia la he compartido.
Que vivan los cincuenta años del colegio,
Que viva ese gran profesor quien es rector;
Que Dios te guarde y te bendiga por siempre,
Pues tus metas has logrado con satisfacción.
Tengo en mi ser, un recuerdo de gratitud,
Tu has sido mi ejemplo, desde la juventud.
Leal y defensor del magisterio carmelitano,
Dejas una gran obra, con un sentido humano.
Gracias, gracias solo te digo y de corazón mis respetos,
Alegre el estudiante con orgullo hoy canta y brinda;
Rosita baila con Faruk, Nestor y Al varo cuidan a Fredefinda.
Nuestro nuevo Rector, nuevos retos, hoy tendrá,
Quien con sabiduría muchos éxitos alcanzará.
RAMÓN EVELIO SANTANA ROPERO
